Pincha para ver esta obra de arte ampliadaCarta a Andrea Pincha para ver ampliada esta maravilla del arte

Andrea, cari�o:

Ya est�, lo consegu�. Por fin he logrado reunirlos a todos. Cierto es que no me ha costado mucho, lo reconozco, pero te juro que me impresiona de veras verles aqu�, callados, tristes, derrotados y sin fuerzas siquiera para mirarse los unos a los otros.

Lamento no poder verlos, aunque noto la c�lida influencia que tienen a�n sobre quiz�s el �nico coraz�n que en estos momentos les puede entender.

Supongo, y supongo bien, que lo m�s seguro es que nunca llegues, como nunca has llegado, a captar - mucho menos comprender - ni una sola de las ideas que con esta postrera carta te quiero transmitir, pero si hay algo que tiene margen de error es una suposici�n, y por muy mal que esto te suene, eso es poco m�s de lo que puedo hacer en este momento. Si, ya s� que me consideras un loco, "man�aco depresivo", como tu docta y licenciada cabeza gusta etiquetar a este que a�n te quiere con toda su alma, con todo su coraz�n... en definitiva, con todo eso en lo que t� ni nadie ya cree. Pero ahora, vi�ndoles aqu�, a mi lado, respondiendo a mi llamada y sabi�ndoles conocedores del porqu� y del c�mo, me he terminado por convencer de que esto es lo �nico con sentido que voy a hacer en mi vida, la �nica vez que voy a actuar fuera del pa�s de la m�s estricta y vulgar mediocridad.

Andrea, ojal� me entendieras cuando me explico porque, cari�o, soy el �ltimo poeta. Ya, ya... recuerdo que no sabes lo que eso significa, que hace mucho tiempo que ese t�rmino ya no tiene sentido que lo tenga en pie, pero te aseguro que hubo una vez, un tiempo, en el que a los poetas se les consideraba guardianes de sentimientos, cronistas de unos sucesos del coraz�n que s� exist�an en un mundo que, con todas sus miserias, todav�a les respetaba y dejaba un hueco para subsistir.

Pero hoy, Andrea, simplemente sobro. No me quedan manos que estrechar, ni hogar al que volver... aunque, a decir verdad, tampoco los necesito. Y tampoco tengo que fijarme mucho para darme cuenta de que lo mismo piensan todos y cada uno de los �ltimos sentimientos humanos que hoy se han reunido aqu�, hartos de luchar, cansados de perder y con esa vaga sensaci�n de no estar ya a la altura de las circunstancias.

De cuando en cuando noto c�mo alguno se acerca a m� y me contempla con tristeza, con la pena del que ha peleado hasta el mism�simo final para tan s�lo resignarse a ser dolorosamente derrotado y vejado de forma inmerecida, qued�ndose como recuerdo el seco dolor de algo que se ha roto dentro.

Me faltan las fuerzas para seguir escribiendo. La �ltima nota de la �ltima canci�n de la �ltima historia de amor - que bien pudiera ser la nuestra, Andrea - es la primera en despedirse; silenciosamente, yo dir�a que sin pensarlo, se ha recogido en una extra�a brisa inalcanzable y ha desaparecido, sin mirar atr�s, cabalgando sobre uno de los primeros rayos de sol de este amanecer, el �ltimo que ver� al Ser Humano tal y como fue concebido.

Paulatina y sistem�ticamente, le siguen los dem�s: la Fantas�a, la Pasi�n, la Alegr�a, la Dulzura, el Amor - �ste s� que se a atrevido a echar una �ltima mirada atr�s -, el Respeto, el Cari�o, la Poes�a, la Fragancia... todos, incluso el dolor y algunos otros que no reconozco. Y a medida que desaparecen, se borra de mi mente el recuerdo terreno de su existencia, hasta que s�lo puedo sentir la presencia de uno: el Amor Propio.

- �A qu� esperas? - le he preguntado

- Yo me quedo; no puedo marcharme...

- �Porqu�?

- No lo s�, quiz�s porque no quiero que se cierre del todo la puerta. Me debo a algo m�s que a m� mismo, y al contrario que los dem�s, no soy nada fuera de este mundo. Adem�s, si me olvidas, te convertir�s en uno m�s de ellos, y no dar�s el paso final... porque t� s� que no puedes quedarte.

Por eso, a medida que voy finalizando esta carta y noto el veneno surtir efecto, pienso que quiz�s no todo est� perdido, que quiz�s se�is alg�n d�a capaces de comenzar de nuevo, que quiz�s... pero, qu� raro, la verdad es que ya no me importa. Ya tan s�lo quiero despedirme, poner un punto bien gordo y redondo a esta historia que es un poco m�a, para decir adi�s y emprender de una vez este viaje que es un poco de muchos y del que tan s�lo una cosa es segura:

Que no lo har� solo.

Andrea, te quiero.

 

 

 

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�ltima modificaci�n: 20 de marzo de 2000