Pincha para ver esta obra de arte ampliadaQuerido 1992 (II) Pincha para ver ampliada esta maravilla del arte

Hola, �c�mo est�s?. Perdona que vuelva a molestarte otro ratito, mi querido "ol�mpico", pero es que quer�a volver a charlar un poco contigo. No s� si me recuerdas: soy aquel abrazafarolas que te mostr�, hace ya casi un a�o - esto es, casi toda tu vida -, la confusa foto de una ni�a destrozada por el odio del hombre contra s� mismo; s�, hombre, soy aquel que intent� hacerte el peque�o "favor" de pon�rtelo todo negro para que el jarro de fr�a realidad no te cortara la digesti�n, para que perdonases a cr�dito lo que sab�a se te iba a venir encima.

�Te acuerdas?

Bueno, pues aqu� estoy, oootra vez, dispuesto, c�mo no, a mantener otro peque�o fuego cruzado de palabras an�nimas, huecas de sentido quiz�s, pero llenas, qu� diablos, de terca ilusi�n y esperanza en aquella peque�a parte del hombre que a�n merece el calificativo de "humana", por aquel pedazo de alguna perdida esquina de nuestra alma que, despu�s de leer el peri�dico por la ma�ana, aun tiene el coraje y la mala leche de ponerse en pie y salir a la calle a partirse la cara en la en�sima batalla por la ganar la guerra de seguir, simplemente, adelante.

�Me sigues? Bueno, menos mal... Perdona mi excesivo afectamiento, pero este a�o ha sido especialmente duro - no te preocupes, no ha sido culpa tuya -, y tengo algo roto dentro de m� que como mucho acierto a identificar con distantes manchas de carm�n en la memoria. Son lejanas, pero duelen y hacen que de un tiempo a esta parta alargue las frases casi sin sentirlo. S�, s�, entiendo que cada cual tiene en esta vida lo que se merece, pero a veces me asalta la impresi�n de estar encajando los obuses destinados a otros... �Qu�? �C�mo?... no, si al final vas a ser t� el que tenga que levantarme el �nimo...

Ya, ya s� que en nuestra �ltima despedida dije que me sentir�a satisfecho si en las campanadas del adi�s tuvi�semos suficientes fuerzas como para sonre�r antes y despu�s de darnos el �ltimo apret�n de manos. Es un m�nimo factible, lo s�, pero ahora me queda la congoja de saberme inminente hu�rfano de ti, porque t� te ir�s... y yo me quedar�, quiz�s para ense�arle otra macabra foto a tu sucesor, quiz�s para volver a asumir el papel de oscuro censor de alegr�as presuntamente delictivas... o quiz�s con la misma cara de memo del que no subo bajarse a tiempo de no s� qu� �ltimo tren.

Entiendo, por tu mirada, que no esperabas esto de m�, que tantas felicitaciones (por cierto, a�ade la m�a) por lo de las Olimpiadas, la Expo, el Madrid Cultural, el Quinto Centenario y la Madre que los Pari� te hab�an hecho olvidar el marginado rinc�n �ste en el que malvivimos unos cuantos c�nicos de mierda, en un estado de cr�nica diarrea mental que... bueno, bueno, ya paro el carro. Lo siento, no quer�a hartarte; rimo y cambio en el punto y aparte.

Y en lo que respecta a ti: �qu� has aprendido en estos seis meses? �a comprendernos? Pues tendr�s que explicarme c�mo; yo ya no comprendo nada de lo que sucede en el mundo. S� - me lo han ense�ado - el c�mo, pero no el verdadero porqu�. �Que tengo que intentarlo?. Pero hombre, si no hago otra cosa, pero a�n no entiendo, por ponerlo de alguna forma en una sola frase, c�mo puede llegar a ser m�s importante lo que a Zutanito - brillante estrella del Boquer�n F.C. - le duele la quinta concusilla que los cientos de miles de vidas, hogares, casas, familias y bienes que se destruyen m�s o menos limpiamente en menos de lo que t� y yo nos tiramos - con perd�n - un pedo... y no tan limpiamente.

No me lo invento: no tienes m�s que proporcionar un peri�dico a cualquiera y observar atentamente en qu� parte de su lectura se echa las manos a la cabeza: exactamente, en la secci�n de Deportes (ya ves, hasta me ha salido con may�scula). S�, igual tienes raz�n, quiz�s me haya equivocado otra vez de barco y deba cerrar el pico, hacer el hatillo y limitarme a blandir el tirachinas de mi infancia para salir a desfacer unos entuertos que hasta el mayor descerebrado mandar�a a hacer pu�etas.

Releo lo escrito y me invaden convulsivas ansias de tirar esta carta a la papelera, seguida del boli, la mesa y un servidor. Es que ni siquiera s� si pienso lo que digo, si digo � no lo que pienso. As� que quiz�s deba hacerte caso y optar por la eutanasia activa de este bodrio de folio. Vale... yo tambi�n lo siento.

Evidentemente, esta es la �ltima carta que te voy a escribir. Espero y deseo no haber fracasado en hacer honor al buen nombre de las despedidas entre amigos, que son siempre las m�s dolorosas y las m�s sentidas, aunque tengo la sensaci�n de haber sobrepasado alg�n l�mite. Por favor, no me lo tengas en cuenta.

Un fuerte abrazo, querido amigo, que tengas mucha suerte all� en tu pr�xima parada...

Y gracias por todo.

 

 

 

 

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�ltima modificaci�n: 20 de marzo de 2000