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CR�NICA DE UN PE�N DE ALFIL

"� Banzai !", ha gritado entre gallos emocionados el presumido pe�n de reina de mi derecha, deslizando su negra y apelotonada cabeza hasta la cuarta fila, provocando los orgullosos aplausos cursipalmoteados del rey y las risas de mi alfil guardaespaldas. "� Ah� te pudras !", he pensado con total desd�n. Tanto grito y tanta chorrada en salsa rosa para que luego tengamos que movilizar hasta a la se�ora de la limpieza para mantener la jodida posici�n central esa. Defensa nimzoindia, le dicen los entendidos... � Y un churro pilongo, que vaya rachita que llevamos !

"� A por ellos, mis valientes !" grita el rey con una resaca de esc�ndalo; "� Voto a Br�os !", responde el hortera de mi alfil peg�ndome un susto de tres pares de cojones. "� Vota en blanco, manzanillo !", susurra el pe�n de mi izquierda al sufrir la ventisca provocada por la almendrada partida del alfil a donde Cristo perdi� la boina. "Tu, quieto parao", me quedo pensando, que los del fondo tienen muy mala baba, y no vaya a ser que al pe�n bizco de all� al fondo me lea la matr�cula, le d� por ponerse nervioso y tengamos un l�o. Que se peguen los dem�s, hombre; yo aqu� quietecito, sin dar guerra, tranquilo... a ver si hay suerte y acuerdan tablas.

Pero nada. Ni caso. El maric�n del rey ya se ha enrocado como un ornitorrinco en celo; mucho "a por ellos" y brabuconadas de esas pero ya ha hipotecado a la mitad de mi Compa��a para proteger su puta esquina. Otra vez dejamos demasiado espacio entre l�neas. Un colega se arremanga la falda. Se avecina gresca y mucho movimiento.

Y el baile comienza: recibo �rdenes inmediatas de proteger al escapado pe�n de reina, que la cosa se ha puesto fea por culpa de mi atolondrado alfil. Por m� como si cantan misa, leches, que no soy su padre. Pero insisten, los pelmazos, y me obligo a acceder, m�s por educaci�n que por otra cosa. Hace tiempo que me la trae pel�n floja esta r�gida y desnatada jerarqu�a de madera de boj, pero tampoco es como para hacerles un feo ante tanta gente.

As� que con parsimonia (cuidado conmigo, que soy un veterano), avanzo una casilla de mala gana. El pe�n de reina respira y me recibe con una sonrisa de medio palo que mando a paseo con un disgustado "c�mprate un pollo y pas�alo" y una mueca al efecto de mi mejor cosecha.

Examino la situaci�n: pues s� que anda chunga la cosa; mi alfil anda all� por China, haci�ndole quites toreros a un caballo y una torre. Es h�bil - cosas de la juventud -, pero nadie le va a librar del par de tortas que le voy a sacudir en la caja de las fichas. Aqu� nadie juega para la categor�a, me cago en mi estampa, y mucho menos con la jubilaci�n de un menda.

Un caballo enemigo salta por encima m�o. Con la rabia que me da eso. Alg�n d�a me voy a chinchar de veras, voy a pegar un brinco y le voy a endi�ar mi pulida cabezota a esa mala bestia en salva sea la parte... bueno, bueno, tranquilidad: me vuelvo y aviso a las almidonadas torres del posible doblete de la caballer�a blanca, que no ser�a la primera vez. R�en confiadas, las chulas del tiral�neas. All� ellas. Yo hago como Pilatos: me lavo las manos.

El carril de la diagonal de mi izquierda se ha convertido en una aut�ntica autopista. Los alfiles pasan zumbando (�Guardias!). Alg�n d�a van a atropellar a alguien y vamos a tener un disgusto: esto no lo cubre el seguro. Alguien me silba desde el banquillo... �mi alfil!. Me grita que al final se ha liado, le ha entrado un ataque de hipo y le han cazado por la espalda. Sonr�e, el memo, pero ya hablaremos, ya...

Se oye un grito entrecortado en la retaguardia: el caballo nos ha clavado el temido doblete y ha hecho mondongos con la torre de rey, aunque �ste - pero qu� soso que es... - ha conseguido acabar con �l "con finura", como gusta decir a su Alt�sima y Divin�sima Media Nena. Le odio. Miro a la otra torre: ya no est� tan confiada y se recoloca. Menos mal que la Dama "pone" lo que hay que poner: ha hecho un feo al gambito de su sosias blanca, se ha cepillado ella solita a todo el flanco derecho de peones enemigos y le est� dando m�s jaques al rey blanco que a un tonto sin tiza. Observo en la distancia la divertida mirada de dos peones blancos ante la escena: entre la baja estofa est� bien visto eso de ver bailar menos y sudar m�s a la realeza, aunque sea del mismo tinte.

De repente, se abre un hueco en el centro de las l�nea enemigas. Bueno, parece que va siendo hora de exhibir una de mis famosas coladas a lo espermatozoide dopado. Con un vistazo, como en los viejos tiempos, confirmo el apoyo de la torre y el alfil que nos quedan, as� como... "�Hey, espera!", grito, pero ya no hay tu t�a. El titi del pe�n de reina tambi�n ha visto el agujero y all� va, sin protecci�n ni carnet de paro. Ganas de chupar c�mara, le llamo yo a eso, o poca verg�enza, que no me extra�a que luego los melosos de Mecano le dediquen una canci�n. "El novio de la muerte", le apodaron, pero en cuanto le cierren el paso ya ver�is c�mo se va a cagar de las patas abajo... �No os lo dije? La torre blanca se ha plantado en sus narices con cara de sargento cabreado. Y ahora pide ayuda, no te fastidia, pero como no llame al Tel�fono de la Esperanza, o a la Gr�a Municipal, a ese no lo aparta. Lo dicho: sin mi protecci�n ha durado menos que un pastel a la puerta de un colegio.

Ahora soy yo la ficha negra m�s adelantada. Con el apoyo de las m�s veteranas (�Eeeeeesa Pesa!) y de mi Reina (c�mo arrasa casillas, la condenada, y qu� guapa est�), me lanzo como un cohete cuesta arriba. Cuarta, quinta, sexta... ya estoy en la s�ptima fila. La estrategia es perfecta. Ahora s� funcionamos como un equipo, cachislamar. Pocos pero bien curtidos, como cuando ganamos aquel torneo del 69.

Siento c�mo ha entrado el miedo en sus blancos cuerpos. Si corono les hacemos un hijo de madera. Ya empiezo a ilusionarme...: lo mejor ser� coronar como torre, no sea que a la dama le entre el celo viperino y me haga le�a de fre�r cuernos. Bien, pues ya estoy listo: que voy, que voy, cuidado con la vajilla...

Surgen repentinas exclamaciones en las l�neas traseras. La partida ha terminado. Corro hacia el centro, pidiendo explicaciones. "� Nos han dado mate otra vez !", me informa un cansado pe�n. "� Pero si est�bamos ganando !", protesto al vac�o, aunque la evidencia me desborda y me deja tieso: el rey, aburrido en su escondrijo, hab�a asomado su despepitada gaita de bobo reprimido y se la hab�an volado con el francotirador alfil de turno. Esta vez s�, esta vez voy a tener un par de palabritas - puede que algo m�s - con su Alteza. Me da igual el color de su sangre, el linaje de su familia o la mism�sima cruz que adorna su hueca cabeza. Que me den hora, jobar; hartito me tiene el martirizante tocamiento de pelotas al que parece tenernos abonados. M�s que la negra, nos ha tocado el negro... ����� EHN ???!!! �Y dale con el caballo! �Pero es que hasta para irse a la caja tienen que ir pegando botes sobre uno? �Ya est�, ya me han mosqueado de veras! �Eh, t�, Babieca de tres al cuarto, tate quieto....!

...

Los flashes de las c�maras inician su ametrallamiento particular. El contrato indica que tienen tan s�lo 15 segundos para descubrir alg�n indicio humano en el rostro de Bobby Fisher. Spassky abandona tranquilamente el escenario por el lado contrario, envuelto en una suave melod�a de fondo y lejanos aplausos. Todos est�n pendientes del americano, embebidos de tal forma que nadie se acuerda del tablero, de la carne de ca��n.

Tan s�lo un turista perdido (�pero cu�ndo co�o salen las bailarinas?) se percata de la extra�a escena que un peque�o pe�n negro est� a�n montando sobre las casillas, persiguiendo y golpeando hist�ricamente con su chiquitina cabeza a un caballo blanco saltar�n...

 

 

 

 

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�ltima modificaci�n: 20 de marzo de 2000