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Miren, dondequiera que est�s: Hace tan s�lo un d�a que me has dejado, y ya te echo brutalmente de menos. Quiz�s sea porque esta terca y seca soledad no luce como la m�s apropiada para ponerse a contar estrellas o construir solitarios con mis recuerdos, como tanto me gustaba hacer. O quiz�s sea, simplemente, porque noto que he perdido algo que era intr�nsecamente m�o, que formaba parte de mi ser... como el son�mbulo que despierta de un hermoso sue�o para notar con horror la falta de un brazo parecido al que est� escribiendo, y yo sin saber porqu�, estas l�neas. He perdido el rumbo, el norte... la luz de mi estrella particular. Ya no soy ni mi propio h�roe, ni mi mejor amigo, ni siquiera un digno compa�ero de viaje. Porque he extraviado mi propia confianza, todo lo que soy o cre�a que era, y lo que es peor, lo he perdido de un solo plumazo ante unas miserables pastillas disfrazadas de sue�o cobarde, turbio... y letal. No puedo evitarlo: siento celos mal disimulados de quien se ha llevado de este mundo, sin dejar paradero, tu vida, tu mirada y tu sonrisa; de aquel que gan� en el �ltimo instante la �ltima batalla de aquella madrugada, aquel martes... en aquel cuarto de ba�o, de aquel que termin� diezmando sin cuartel y sin piedad el recuerdo de todo lo que fui apilando como un ciego en tu alma durante toda esa eternidad encerrada en un a�o de comprensi�n, cari�o y ternura de mi mejor cosecha. Me ahoga el admitir que el calendario tiene m�s hojas a partir de este d�a, y que despu�s de �l vendr�n otros d�as y otros calendarios, y que tendr� que acostumbrarme finalmente al vivir con el punzante dolor de no ver nunca m�s nuestras olas rompiendo, de la mano, en la playa de una felicidad que nos merec�amos, y que terminaste borrando de mi hasta entonces infinito mapa costero. Miren, mi querida Miren: hace tan s�lo una luna que te has ido... y ya te echo de menos. Trato angustiosamente de hallar razones, soplos de aire que me saquen de este vac�o total que me tiraniza entre pecho y espalda, y que ha terminado por volver mi mundo del rev�s. No coordino, y hasta trato, como ves, de hacerme llegar a alguien que simplemente ya no existe. Tiemblo al pensar que quiz�s fue m�a la culpa, que la muerte me gan� por no s� qu� �ltimo movimiento pifiado, por no s� qu� l�grima mal entendida o maldita angustia no detectada. Que quiz�s el eco de mi voz llegara a tu recuerdo demasiado tarde; que quiz�s... Ahora me siento como un olvidado anciano de asilo al que tan s�lo le queda, como �ltimo inventario de lo que a�n puedo sentir, tus poemas, esta carta y un amanecer inservible. Y, mientras, todo lo que me viene a la mente trae malos enfoque en blanco y negro, como an�rquicas fotos de memorias, de dolor, de p�rdida... de sentida a�oranza y malas traducciones de pesadumbre. Tengo lo que me queda de entereza y dignidad - que advierto escasa - sumida en la cobarde tarea de buscar un nuevo seud�nimo, de pintar todas mis entra�as de rojo en un improvisado intento de camuflar un coraz�n al que pesa y siempre pesar� como una l�pida, la eterna inquietud por saber para qui�n fue tu �ltimo pensamiento antes de cerrar los ojos... y si dej� en tu dulce cara la mueca, la huella... de una breve sonrisa. Buenas noches, Miren, dondequiera que est�s. Que tengas felices sue�os.
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