Pincha para ver esta obra de arte ampliadaSaludo del Autor Pincha para ver ampliada esta maravilla del arte

Reza la infecta sabidur�a popular que la cumplimentaci�n de un destino tildable de digno para todo Ser Humano - esto es, para todo hijo de vecina -, pasa por la sistem�tica consecuci�n de tres requisitos: plantar un �rbol, tener un hijo... y escribir un libro.

En mi caso, no suelo ser muy amigo de dar la raz�n a nadie, y mucho menos a una sabidur�a a la que acabo de acusar en p�blico de vulgar e infecta, pero es que nunca he podido sustraerme al genuino encanto de la frase en cuesti�n, am�n de que uno de los motivos de mi abanderado ha sido el sutil estandarte del "hombre, pues hazlo por si acaso..."

Sospecho que los curas que semiencauzaron la senda de mi infancia y parte de mi juventud deb�an saber algo de todo esto, porque justo en el momento en que consideraron que en mi frente ya hab�a sitio reservado para los dos dedos de rigor, me embarcaron, junto a una basta y vasta parte de mi generaci�n, en una peque�a flota de autobuses con el fin de ensartar con encinas, pinos y casta�os una peque�a zona salpicada de colinas de mi querida �lava. Plant� m�s de uno - destrozando tambi�n m�s de uno -, mientras sent�a la fascinante y orgullosa sensaci�n de ver correr despavoridos a mis compa�eros del alma cuando levantaba la azada por encima de la cabeza y la mandaba acto seguido a tierra en busca de lo que fuera.

La suerte de los infelices - s�, a esa edad se es un infeliz - hizo que todos volvi�ramos a casa con los tobillos a�n en su sitio... y con una cosa menos que hacer en este mundo, "populi dixit".

A�os m�s tarde, con la pubertad pasada - que no superada -, amaneci� en mi esp�ritu el ansia de dejar de decir an�nimas chorradas... para pasar a escribirlas. Ganas de ejercitar un poquito la responsabilidad por nuestros actos, se le podr�a llamar a ello, pero la verdad es que, de la noche a la ma�ana, me vi comenzando cien libros, cien historias, pero llegando a la bendita palabra "FIN" en el 0% de los casos. Vamos, un completo desastre de escritor, y un cero tomatero en constancia que contrastaba desde lejos con una proliferaci�n de ideas que una y otra vez sobrepasaba mi capacidad para retenerlas.

Y un d�a, harto como estaba de hacer el rid�culo delante de los folios, decid�, tal y como reza el dicho, unirme al enemigo: si no pod�a con los relatos cortos, ten�a que unirme a ellos... As� naci� esta recopilaci�n.

Husmeando en mis viejos apuntes del colegio, de la Universidad (alg�n d�a contar� lo rico que es ese mundo), e incluso rescatando bocetos de la mism�sima papelera del tiempo junt�, como pude, lo que quedaba de esa descastada parte de mi ser que trataba de comunicarse con el exterior a trav�s de sudar tinta a chorros por los poros, recogiendo los jirones que en forma de peque�as historias he dejado a lo largo del camino de mi vida.

La mirada atr�s que este esfuerzo ha supuesto ha sido una de las experiencias m�s enriquecedoras en mi corta vida, y ese es uno de los mensajes: que pase lo que pase, no importa lo injusto que el mundo sea con nosotros y con los que nos rodean... porque siempre habr� algo de nosotros que permanezca, algo que nos sirva de figurado apoyo sobre el que volver la vista atr�s, parar nuestro reloj particular y decirnos al o�do que somos mejores, mucho mejores de lo que creemos.

El simple hecho de que tengas este libro en tus manos ya da sentido a muchas cosas, y dice mucho en tu favor (sobre todo si llegas hasta el final). Por tanto, no te entretendr� m�s. Tan s�lo decirte, de todo coraz�n:

Gracias. Muchas Gracias.

 

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�ltima modificaci�n: 20 de marzo de 2000